LA TORRE

La Torre vigía de Yunquera

La Torre de Yunquera, conocida por los vecinos de la localidad como “el Castillo”, se construyó en los primeros meses de 1812 por orden del General Ballesteros. El aspecto que presenta La Torre en la actualidad no difiere mucho del original, sobre todo en su exterior. Hay constancia documental de que en su actual emplazamiento, no existía construcción alguna de origen árabe, aunque no se pueda descartar completamente esa posibilidad ya que no se ha realizado una excavación en el terreno. El destino de La Torre fue puramente defensivo y resistió los embates que las fuerzas napoleónicas llevaron a cabo el 11 de junio de 1812 con 3.500 soldados y 4 cañones de montaña. En su interior se atrincheraron 52 infantes y un teniente que, sin complicación ni baja alguna, se enfrentó al ejército más poderoso de la época impidiendo que este lograse su objetivo.

la hermita mora

A 100 metros de La Torre se encuentran unos restos conocidos popularmente con el contradictorio nombre de "la ermita mora". Se desconoce el origen de esta construcción aunque se descarta que pertenezca al periodo de ocupación árabe. La leyenda cuenta que se comunicaban mediante un túnel con La Torre. 

Yunquera ocupaba un lugar estratégico a principios del siglo XIX cuando se estableció un gobierno provisional de la provincia en la villa, por parte del mismo General Ballesteros. Durante la Guerra de la Independencia, soldados españoles aseguraron documentación y parte del dinero necesario para el mantenimiento del ejército en su interior. 

De gruesos muros de argamasa y mampostería, y forma casi cilíndrica, contaba con un aljibe y un horno en la planta baja. En la segunda planta se hallaba la puerta, a la que se subía mediante una escalera desmontable que se retiraba cuando existía algún peligro. Las distintas plantas tenían una serie de huecos, aspilleras, por los cuales los artilleros disparaban al enemigo sin quedar expuestos. A la cubierta se accedía desde el interior mediante una escalera de madera y en ella había dos cañones de pequeña mena. Desde ahí se podía controlar la llegada del enemigo tanto por los caminos de Alozaina y Tolox, como por el paso del Puerto de las Abejas desde el vecino pueblo de El Burgo.

Una vez remodelada y al mando del General Ballesteros, sirvió a las tropas españolas para combatir al ejército napoleónico, permaneciendo inconquistada hasta nuestros días.